Cuando era una chavala adolescente hervía de emociones, de cosas que tenía ganas de hacer, de sueños, de deseos, de curiosidades e cuestiones. Mis intereses tal vez no fueron muy diferentes de los de ahora. Como ahora mi gustaban demasiadas cosas a la vez de tal modo que me era difícil concentrarme en una por un periodo indeterminado de tiempo. La vida para mi, entonces y ahora, debería durar mil años para que pudiera hacer todo lo que tengo ganas, para que pudiera explorar todo lo que me llama.
A pesar de todos mis bien intencionados intentos, no he logrado todavía aprovechar mejor el tiempo, para por lo menos, y ya que la piedra filosofal parece ser difícil de alcanzar, poder concentrar el máximo de vivencias en el más curto espacio de tiempo. Además soy de esas que a todo le gusta llevar con calma, saborear los trozitos de vida, distraerme en mis buscas innúmeras veces antes de retornar al camino principal (que en mi caso casi nunca son principales, pero más bien atallos).
Hay todavía una diferencia esencial. Entre el modo como vivía y el modo como ahora vivo las cosas. Antes yo buscaba mis intereses. Hoy mis intereses, mis pasiones, me buscan a mi, vienen aunque no las busque y me encuentran aunque me esconda. Ser adolescente es también querer afirmarse, buscar una personalidad única que nos define. Todo es muy enfatizado y afirmativo. O por lo menos así lo era para mí. Y no que esa sea una condición única de los adolescentes, pues hoy muchos dichos adultos que así siguen vida afuera, pero eso daría material para más unos 10 posts....
El hecho es que, aunque existirán muchas cosas que me llamaban la atención, muchas cosas que deseaba traer para mi mundo cuando tenia 15 años, esas cosas eran todavía, entonces, una forma de afirmación mía, por lo menos parcialmente. Y como tal, no la terminaba de explorar, no las terminaba de absorber, y sobretodo no terminaba de dejar penetrar en mi todas las cosas que naturalmente entrarían caso no estuviera tao preocupada con lo que deseaba ser.
Actualmente, muchos años pasados, noto que el proceso se ha invertido. Lo que me pasa ahora es que aunque quisiera negar quién soy, son las propias cosas que no me lo dejan. Mis pasiones me invaden, no con la exuberancia de la adolescencia, pero con pies de lana, lentamente, discretamente, de modo a que cuando me doy cuenta, ya están instaladas y sin fecha para dejarme. Y doy como ejemplo la fotografía de que ayer hablaba. Es raro que yo dedique tiempo específico a la fotografía, pero ella no se deja abandonar por demasiado tiempo. Ando por el mundo y descubro pormenores, colores, formas, rostros, expresiones, que si no puedo fotografiar en el momento, con mi cámara real, lo capto todo mentalmente con mi cámara interna. Hago fotos mientras camino por la calle, me dejo levar por carretera en coche, desayuno en el café o bailo en una boda. Y así con muchas otras cosas. Descubro danza en los movimientos de la gente. Veo hadas en los nudos de la madera. Me acuesto por la noche y al cerrar los ojos cae una lluvia de flores adelante de mí. Al cocinar mezclo ingredientes como una bruja haría sus hechizos. Mi mente describe mi vida como capítulos de un libro mientras la vivo. Veo materiales y imagino objetos. Veo colores y me imagino creando mundos. Me asaltan ideas de nuevas creaciones aparentemente del nada. Escribo, tejo, coreografo, dibujo, imagino, decoro, cocino, combino trapos al criar mi propia imagen. No puedo evitarlo. Eso es mi vida. Y la otra parte muy, muy importante de mi, tiene que ver con conocer a las personas, descubrirlas, desvelarlas, acercarme de sus corazones, admirarlas. Pero claro....sobre esto me quedaría escribiendo más 3 horas, cosa que ahora mismo será imposible.
Nuevas aventuras me esperan, y este es uno de eses momentos en que tengo que obligarme a bajar al mundo práctico rápidamente, por mucho que me cueste.
