Saturday, 31 October 2009

Esa misma tarde se encontró con la sacerdotiza iniciada, la de los cabellos plateados. Si su voluntad muchas veces necesitaba de estímulos para manifestarse más allá de sus fronteras mas estrechas, el encuentro con seres plenos de energía era, en general, uno de los mejores estímulos con los que podía contar. Sakapa venía bella y feliz, bebiendo, como de costumbre, de cada momento de la vida, absorbiendo el mundo como si lo pisara cada día por primera vez. Y de inmediato, su entusiasmo la llenó de esperanza.

En casa meditó sobre la importancia de reaccionar. Hacía mucho tiempo que había reconocido y nombrado cada una de sus dificultades y hacía también tiempo que se había dado cuenta que con las dificultades solo hay dos opciones: rendirse a las mismas o superarlas. Su orgullo no la impedía para nada rendirse a una dificultad, si esta dificultad no interfería con su vida, sus deseos, sus luchas. En este caso, las dificultades, después de reconocidas y asumidas, pasaban a llamarse hechos y ella las olvidaba como a algo desprovisto de grande importancia. Entender las estructuras sociales humanas y interesarse por ellas, por ejemplo, era algo que se le presentaba extremamente difícil. Reconocía mentalmente la importancia de una estructura que mantuviera a los hombres organizados, porque intuya que sin esta el caos podría sobrevenir muy rápidamente, pero en la practica, no lograba interesarse por esta estructura o mismo considerarla como algo de real. Sabía que era una incapacidad, una percepción particular de la realidad, o aparente realidad, que de algún modo se alejaba de la de las demás personas. Pero no la incomodaba para nada, así que lo consideraba más bien como una característica suya.
Pero lo de luchar por sus retos era diferente. Conocía la voz insidiosa que se infiltraba en su ser y la hacía perderse por horas, días, meses, años hasta, en una existencia paralela, que la alejaba del mundo palpable y hacía con que ella sólo bajara a este mundo si algo en el campo de las emociones necesitaba su atención. Pero sabía también, de modo racional y consciente, de que ella necesitaba mantener lazos con este mundo palpable, y no sólo lazos emotivos, también lazos prácticos y efectivos.

Friday, 30 October 2009

Se levantó con pocas ganas, despertada por la alarma. La entrevista en el centro de empleo la obligaba a bajar a la tierra, cosa que siempre le caía mal de primeras. Caminó en bragas y descalza por los pasillos hasta los armarios del corredor y automaticamente eligió unos pantalones marrones y un traje de color indefinido, entre el marrón y el beige. Apenas se había vestido y sintió como si si estuviera disfrazando de humana. Reaccionó de inmediato... no entendía porque insistía en hacerse invisible en estas ocasiones. Busco entonces una falda larga roja, un top rojo con dibujos y otro marrón con mangas largas para poner por encima. Colgó al pecho un collar de los suyos. 'Mejor' pensó, 'por lo menos soy más yo'.

Cogió el coche sin grandes ganas - odiaba conducir en ciudad - y dejó el pueblo en dirección a la Ciudad de la Murallas de Piedra. Al ver la niebla suave al fondo del horizonte, en la luz todavía floja de la mañana, se sintió inmediatamente mejor. Aunque no le gustara interrumpir su sueño por la mañana, desde niña se acostumbrara a despertarse temprano y el aire de comienzo de día la hacía sentirse limpida.

Encontró de pronto sitio para aparcar lo que la hice suspirar de alivio. De todos los inconvenientes de conducir en ciudad, aparcar era el que más le molestaba. En la verdad, le molestaban muchas de las cosas que la obligaban a bajarse a un mundo que no sentía totalmente como suyo y todo lo que le la arrancaba de su estado permanente de semi ausencia. Amaba a la vida y al mundo en general, pero llevaba mal las reglas impuestas, los condicionantes sociales.

En general lograba vivir mas o menos alejada de las influencias maléficas que la sociedad podría tener en su espíritu y lo hacia a través de ese estado de semi ausencia en el cual se relacionaba con el mundo en general, el mundo para allá de su burbuja.

No vivía en una burbuja aislada y impenetrable, pero elegía lo que podía penetrarla o no, basándose, en general, en su intuición.

Salió temprano de la entrevista, soñando que al final, un día, podría surgir una ocupación que no la desagradara demasiado, algo que se adaptara a ella. Regresaba al coche todavía un poco molesta por haberse visto obligada a bajar al mundo, cuando se fijó en el árbol. Era grande y presentaba con orgullo sus ramas, cubiertas de hojas coloreadas por el otoño, que filtraban los rayos de sol con dulzor. Por suerte había traído la cámara. Se encontró de frente con otro fotógrafo ocasional que fotografiaba el mismo árbol. Los dos cruzaran una media sonrisa cómplice y seguirán cada unos con sus fotos. Y eso momento la hice regresar a su mundo mágico.

Thursday, 29 October 2009

El verano, este año, parece pegarse a esta tierra, como si le costara seguir su ciclo, abandonarla para volver dentro de unos meses. La naturaleza no se ha detenido, en los arboles crecen las castañas, las hojas cambian de color y se empiezan a lanzar, una a una, en un vuelo suave hasta el suelo. Pero día tras día, el calor se mantiene como si se hubiera olvidado que ya le toca alejarse. Ayer, había en el aire esa niebla propia de los veranos marítimos y esta tierra interior parecía extrañamente sofocada por ella. Hoy el día ha amanecido aún mas caliente, el sol si insinúa tras las cortinas, la ropa sobra en los cuerpos, la luz se desparrama sobre todo, ajena al hecho de que es ya casi noviembre .

Wednesday, 28 October 2009

En Casar, hay arboles de mil pájaros, puestas del sol sobre el água, iglesias iluminadas al fondo de mi patio, duendes y naves, hechizos de abejas y elfos que toman la forma de galgos.

Tuesday, 20 October 2009

CACERES

Hay sitios en los cuales es un privilegio vivir. O tal vez sea que hay que descubrir el privilegio de vivir en cada uno de los sitios que nos toca vivir, no lo sé, pero la verdad es que estoy encantada de lo cerca que estoy de la ciudad de Cáceres.
Para quién ha estado en Cáceres, todo lo que se pueda decir sonará demasiado obvio. El casco antiguo de caceres es bello. Por la noche, mágico. Y ya esta, mi texto podría terminar aquí. Nada de lo que diga en seguida va a acrecentar mas. Pero aún así, no terminaré aquí. Seguiré hablando un poco más.

Ayer fue a Caceres para asistir a una obra en el Gran Teatro. Llegué con tiempo, hora y media para callejear por la ciudad antes de sentarme en el teatro. Traía un papel con indicaciones para buscar otros puntos de interese, entre los cuales la filmoteca. Después de un corto paseo por el Paseo de Canóvas, seguí por la Calle de San Antón y luego por la Calle de San Pedro, hasta llegar a la Parroquia de San Juan Batista. Según mi papelito con indicaciones, después de pasar la Plaza San Juan Batista, debería encontrarme un cruce, en el cual la calle que subía a la derecha sería la Calle del Mono, que yo debería seguir para llegar a la filmoteca. Pero entre las indicaciones sacadas de un mapa de google maps y el rompe cabezas que constituí el casco antiguo de Cáceres, hay diferencias. Diferencias que me han llevado a un paseo en círculos, cuadrados y espirales por entre calles y edificios de piedra. Pero la filmoteca....todavía no sé yo donde está...

Tuve tiempo de perderme dos veces por el casco antiguo. Era esa hora de casi noche, los edificios ya iluminados por la luz amarilla que da a Cáceres esa áurea tan mágica. Estoy segura de que Cáceres se modifica conforme la hora del día. Cuando la noche se acerca, crecen calles antes no existentes, se multiplican las escaleras que llevan as esquinas desiertas,el propio tiempo se expande y contrae al andar por los caminos creados para el viajero que se adentra por Caceres después de la puesta del sol. Al alejarme del movimiento de las calles mas comerciales, entré en un espacio de silencio. Una esquina desierta, un momento en que pareces estar fuera del tiempo, y luego otra vez pasos, otros viajantes callejeando. Al cruzarme con alguien más, sentía que todos estábamos dislocados, eramos intrusos en un tiempo perdido dentro de la propia espiral del tiempo. Y como tal pisaba el suelo suavemente, con el respeto de quién adentra un espacio sagrado.
A veces me cruzaba con alguien cuyas ropas pertenecían a este tiempo, pero cuya mirada venia de otros siglos. Y sabia que la magia de las piedras de la ciudad de Cáceres estaba jugando conmigo. Por momentos temía ser engullida por la ciudad antigua, terminar perdida en un tiempo en el cual no existo. Pero luego seguía camino, fascinada.