Se levantó con pocas ganas, despertada por la alarma. La entrevista en el centro de empleo la obligaba a bajar a la tierra, cosa que siempre le caía mal de primeras. Caminó en bragas y descalza por los pasillos hasta los armarios del corredor y automaticamente eligió unos pantalones marrones y un traje de color indefinido, entre el marrón y el beige. Apenas se había vestido y sintió como si si estuviera disfrazando de humana. Reaccionó de inmediato... no entendía porque insistía en hacerse invisible en estas ocasiones. Busco entonces una falda larga roja, un top rojo con dibujos y otro marrón con mangas largas para poner por encima. Colgó al pecho un collar de los suyos. 'Mejor' pensó, 'por lo menos soy más yo'.
Cogió el coche sin grandes ganas - odiaba conducir en ciudad - y dejó el pueblo en dirección a la Ciudad de la Murallas de Piedra. Al ver la niebla suave al fondo del horizonte, en la luz todavía floja de la mañana, se sintió inmediatamente mejor. Aunque no le gustara interrumpir su sueño por la mañana, desde niña se acostumbrara a despertarse temprano y el aire de comienzo de día la hacía sentirse limpida.
Encontró de pronto sitio para aparcar lo que la hice suspirar de alivio. De todos los inconvenientes de conducir en ciudad, aparcar era el que más le molestaba. En la verdad, le molestaban muchas de las cosas que la obligaban a bajarse a un mundo que no sentía totalmente como suyo y todo lo que le la arrancaba de su estado permanente de semi ausencia. Amaba a la vida y al mundo en general, pero llevaba mal las reglas impuestas, los condicionantes sociales.
En general lograba vivir mas o menos alejada de las influencias maléficas que la sociedad podría tener en su espíritu y lo hacia a través de ese estado de semi ausencia en el cual se relacionaba con el mundo en general, el mundo para allá de su burbuja.
No vivía en una burbuja aislada y impenetrable, pero elegía lo que podía penetrarla o no, basándose, en general, en su intuición.
Salió temprano de la entrevista, soñando que al final, un día, podría surgir una ocupación que no la desagradara demasiado, algo que se adaptara a ella. Regresaba al coche todavía un poco molesta por haberse visto obligada a bajar al mundo, cuando se fijó en el árbol. Era grande y presentaba con orgullo sus ramas, cubiertas de hojas coloreadas por el otoño, que filtraban los rayos de sol con dulzor. Por suerte había traído la cámara. Se encontró de frente con otro fotógrafo ocasional que fotografiaba el mismo árbol. Los dos cruzaran una media sonrisa cómplice y seguirán cada unos con sus fotos. Y eso momento la hice regresar a su mundo mágico.
15 years ago

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