Hay sitios en los cuales es un privilegio vivir. O tal vez sea que hay que descubrir el privilegio de vivir en cada uno de los sitios que nos toca vivir, no lo sé, pero la verdad es que estoy encantada de lo cerca que estoy de la ciudad de Cáceres.
Para quién ha estado en Cáceres, todo lo que se pueda decir sonará demasiado obvio. El casco antiguo de caceres es bello. Por la noche, mágico. Y ya esta, mi texto podría terminar aquí. Nada de lo que diga en seguida va a acrecentar mas. Pero aún así, no terminaré aquí. Seguiré hablando un poco más.
Ayer fue a Caceres para asistir a una obra en el Gran Teatro. Llegué con tiempo, hora y media para callejear por la ciudad antes de sentarme en el teatro. Traía un papel con indicaciones para buscar otros puntos de interese, entre los cuales la filmoteca. Después de un corto paseo por el Paseo de Canóvas, seguí por la Calle de San Antón y luego por la Calle de San Pedro, hasta llegar a la Parroquia de San Juan Batista. Según mi papelito con indicaciones, después de pasar la Plaza San Juan Batista, debería encontrarme un cruce, en el cual la calle que subía a la derecha sería la Calle del Mono, que yo debería seguir para llegar a la filmoteca. Pero entre las indicaciones sacadas de un mapa de google maps y el rompe cabezas que constituí el casco antiguo de Cáceres, hay diferencias. Diferencias que me han llevado a un paseo en círculos, cuadrados y espirales por entre calles y edificios de piedra. Pero la filmoteca....todavía no sé yo donde está...
Tuve tiempo de perderme dos veces por el casco antiguo. Era esa hora de casi noche, los edificios ya iluminados por la luz amarilla que da a Cáceres esa áurea tan mágica. Estoy segura de que Cáceres se modifica conforme la hora del día. Cuando la noche se acerca, crecen calles antes no existentes, se multiplican las escaleras que llevan as esquinas desiertas,el propio tiempo se expande y contrae al andar por los caminos creados para el viajero que se adentra por Caceres después de la puesta del sol. Al alejarme del movimiento de las calles mas comerciales, entré en un espacio de silencio. Una esquina desierta, un momento en que pareces estar fuera del tiempo, y luego otra vez pasos, otros viajantes callejeando. Al cruzarme con alguien más, sentía que todos estábamos dislocados, eramos intrusos en un tiempo perdido dentro de la propia espiral del tiempo. Y como tal pisaba el suelo suavemente, con el respeto de quién adentra un espacio sagrado.
A veces me cruzaba con alguien cuyas ropas pertenecían a este tiempo, pero cuya mirada venia de otros siglos. Y sabia que la magia de las piedras de la ciudad de Cáceres estaba jugando conmigo. Por momentos temía ser engullida por la ciudad antigua, terminar perdida en un tiempo en el cual no existo. Pero luego seguía camino, fascinada.
15 years ago

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